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domingo, 5 de enero de 2014

A los tres chocolates!!

Ya vienen los Reyes Magos, ya vienen los Reyes Magos... Y se han enterado que quieres empezar bien, así que te traen esta tarta... [Oé], con menos azúcareeeees...!!!

Jejejeje, después de esta introducción que, os pediría, entonarais un poco al leerla ;-) os doy los buenos días y os regalo lo que os prometía hace unos días: La reina de las tartas de chocolate con alguna que otra modificación que, os aseguro, no modificará para nada el sabor y mucho menos vuestros propósitos de año nuevo - sí, sí... ya sabemos, que si empiezo la dieta, me apunto al gimnasio, me echo cremitas...-.

TARTA 3 CHOCOLATES “ESPECIAL”
Ingredientes (Para una tarta bastante grande (salen unas 15 raciones hermosas):
- 2 briks de nata líquida para montar (400 ml)
- 350 ml de leche evaporada
- 750 ml de leche desnatada
- 3 sobres de cuajada
- 150 gramos de chocolate blanco
- 150 gramos de chocolate con leche
- 150 gramos de chocolate negro
- 1 cucharada sopera de azúcar (yo empleé azúcar moreno)
- Opcional: para la base (se puede hacer sin ella, en plan flan grande) puedes emplear galletas maría molidas que mezclarás con un poco de mantequilla hasta formar una masa (para la valoración, supondremos 150g de galletas maría y 50 g de margarina ligera)


El procedimiento es bien sencillo. Repetiremos la operación 3 veces, una con cada tipo de chocolate. Es importante buscar un molde desmontable y que no se pegue, para que al sacar la tarta quede bonita y se identifiquen correctamente las 3 capas.
En primer lugar, si vamos a poner base machacamos las galletas con la margarina hasta obtener una masa con la que forraremos el fondo del molde. A continuación, mezclamos la nata con la leche evaporada (con mucha menos grasa y calorías que la nata para montar) y vertemos 250 ml de esta mezcla en un cazo a fuego bajo. Añadimos también 250 ml de leche desnatada, un sobre de cuajada y 150 gramos de chocolate negro a trozos. En la receta original incorporamos a cada mezcla 50 gramos de azúcar. En mi caso, yo solo utilicé una cucharada sopera de azúcar moreno en esta primera capa, la de chocolate negro, que es la que supuse que quedaría mejor con un poco más de dulzor, el resto de capas con el azúcar propio del chocolate, tenían bastante.
Disuelves todo bien hasta obtener una crema espesita y viertes sobre la capa de base (de galletas o cereales). Siguiente paso, al frigo.
Después de una hora más o menos, volvemos al cazo, a empezar una nueva capa, esta vez de chocolate con leche. Vertemos los 250 ml de nata y leche evaporada, la leche desnatada, el sobre de cuajada y el chocolate troceado y, de nuevo, a fuego muy lento, deshacemos y esperamos que espese un poco.
Con mucho cuidado y ayudándonos de una cuchara al revés (para evitar que la mezcla caliente perfore la capa que ya teníamos en el molde y se mezclen las capas) vamos vertiendo poco a poco de forma uniforme la nueva mezcla sobre la que teníamos y, de nuevo, vuelta al frigo.
Por último, repetimos la operación con el chocolate blanco y volvemos a enfriar. Esta vez unas 4-5 horas hasta que la tarta esté completamente cuajada.
Al desmoldar podemos adornar con virutas de chocolate, fideos de colores o simplemente nada, de por sí es un espectáculo de tarta, y el resultado, seguro que no os defraudará.








































Y ahora a lo que nos interesa... ¿Que cuánto ganamos con esta modificación que seguro que a más de uno deja indiferente? Pues os cuento, la receta original llevaba 750 ml de nata para montar (según nuestra variante solo emplearemos 400 ml de nata y 350 ml de leche evaporada), 750 ml de leche entera (nosotros empleamos leche desnatada), 150 g de azúcar (frente a los escasos 25 gramos que le puse de azúcar moreno) y 50 g de mantequilla para la base que yo voy a valorar con 50 g de margarina ligera.

Veamos en un cuadro la variación de nutrientes desde la receta original a la que hemos modificado:

Porción de 150 gramos
Receta original
Receta modificada
Kcal
473 kcal
372 kcal
Proteínas (g)
5,7 g
7,6 g
Hidratos de carbono (g)
39 g
32,2 g
Azúcares Simples (g)
33,1 g
26,3 g
Grasas (g)
32,2 g
23,2 g
Grasas saturadas (g)
19 g
13,2 g


Como vemos, las diferencias son notables. Aunque no deja de ser un dulce que recomiendo que se consuma de forma ocasional (por su contenido en azúcares simples y grasas), con las diferencias introducidas bajamos en 7 gramos la cantidad de azúcares simples totales (por ración) y 9 gramos de grasas, de las cuales saturadas serían 6 gramos (por ración de tarta).
Y como a nadie le amarga un dulce y como dice el refrán “una vez al año no hace daño”, os animo a que con modificaciones puntuales como éstas, vayamos cambiando el chip a la hora de hacer nuestros dulces un poquito más sanos, porque con pequeños gestos como éste y con pequeñas cositas, al final ganamos en salud y en bienestar.
Y nada más, ¡¡que paséis un feliz día de Reyes y que os traigan muchos regalitos!! Y si os animáis a hacer la tarta que os dejo, ¡¡mensajito por fa!!


Comentarios, dudas y cositas que me queráis preguntar, ¡un poco más abajo! ¡Nos leemos pronto! Besitos.


domingo, 6 de enero de 2013

¿Propósitos o excusas de año nuevo?

En primer lugar, feliz año!! Esperemos que el 2.013 venga cargado de oportunidades para todos.

Y nada, a continuación hablar un poco sobre la tan temida vuelta a la realidad, y no me estoy refiriendo solo al choque psicológico que acarrea, sino a la vuelta a los hábitos alimentarios equilibrados y a la rutina de "vida sana".
Muchos somos los que nos prometemos una entrada de año nuevo cargada de propósitos saludables: que si hacer más ejercicio físico, apuntarnos al gimnasio, dejar de beber alcohol, dejar de fumar, comer menos "porquerías"... ¿nos suenan verdad? 

Pues bien, lo difícil es llegar a hacer nuestros esos propósitos de por vida. Sí, sí, ya sé que es fácil decirlo y difícil de hacer, pero  una vez que interioricemos esos hábitos y no solo los hagamos por compromiso durante un mes o dos (o en un momento clave) y luego abandonamos -haciéndolo si cabe peor que antes-, será difícil que luego volvamos a caer en el caos anterior, porque seremos más comedidos ante situaciones que alteren nuestro equilibrio y porque no nos ocasionarán tanto malestar/ preocupación/ sentimiento de culpabilidad el tener que abandonarlos puntualmente, sino que los afrontaremos como lo que son, acontecimientos puntuales que no tienen por qué hacernos abandonar nuestros objetivos... Es más, hasta disfrutaremos más esos momentos especiales, porque no llegarán cargados de negatividad y culpabilidad, sino como un reto, algo que nos desestabiliza momentáneamente, pero con lo que disfrutaremos para volver a alcanzar el objetivo... 
¿Fácil, no? Imagina por ejemplo que llevas a dieta 6 meses, has perdido 8 kilos y llegan las navidades... ¡¡Horror!! ¿Ahora qué? Pues bien, según todo lo que hemos hablado antes, habrían dos opciones. Una, la opción caótica, la desproporcionada, inestable y negativa. Pensar: "Bueno, me abandono porque no voy a ser capaz de controlarme todos estos días, me harto porque, total, a partir del día 1 ya empiezo en plan súper estricto...". Y esa persona se libera de culpa psicológicamente hablando, echa a perder los 6 meses de  trabajo anterior y, lo que es peor, el día 1 de enero, cuando se pese y vea el estropicio que ha hecho, estará tan apesadumbrada que difícilmente tendrá ganas de volver a empezar una dieta, al comprobar que todos sus esfuerzos anteriores los ha tirado a la basura...
Y la opción correcta que sería la siguiente: "Bueno, vienen las fiestas. Trataré de llevar la dieta aunque de forma menos estricta, comeré un poco de todo, pero de forma controlada y los días que me pase trato de caminar al menos 40 minutos, para compensar". Esta actitud, evidentemente, además de mucho más sana en todos los sentidos, le permitirá a la persona disfrutar de las fiestas sin culpabilidades, sin sentirse mal. Llegará el día 6, después de reyes y, cuando se pese, comprobará encantada que ha mantenido su peso, lo que la ayudará a ganar motivación para continuar con su programa de pérdida de peso desde donde lo dejó.

¿No son todo ventajas? Cambiemos nuestro punto de vista, pongamos nuestra mente a nuestro favor...

Como digo, lo ideal es ir interiorizando POCO A POCO esos hábitos saludables en nuestra vida, olvidándonos de fechas específicas o momentos concretos y huyendo de caer en culpabilidades para convencernos de que "debemos" hacer deporte, dejar de fumar o comer menos embutidos... Tenemos que ir diferenciando unas conductas inapropiadas con un patrón de comportamiento y tratar de cambiarlo desde la objetividad. De nada sirve empezar una dieta depurativa a base de agua e infusiones, por ejemplo, el día 6 de enero, después de las fiestas, porque nos hemos excedido comiendo y bebiendo esas semanas, y pretender que el agua y cuatro líquidos, durante 4 o 5 días, borren de nuestro cuerpo todos los excesos cometidos. En este caso sería mucho mejor ser consciente de que en estas fechas se cometen algunos excesos y, en vez de sucumbir ante ellos en plan "no hay mañana", tratar de ser moderado y consecuente con lo que comemos y bebemos y equilibrar los sacrificios que hemos hecho durante todo el año con los caprichos puntuales que nos acechan y de los que podemos prescindir o, sin ser tan radicales, no abusar, sino tomar con moderación. 
Y ahí está el truco, en ser moderado en lo que se elige y se toma y en no caer en fatalidades del estilo: "buaf... total, si cojo uno, ya está todo el daño hecho, así que, ya no tiene remedio..." y al final acabas hartándote del producto que sea (ya sean bombones, copas, o el producto que queráis).
¿Por qué caemos en esos pensamientos radicales de abandono? ¿Por qué nos empeñamos en tirar por la borda todos nuestros progresos y sacrificios? No pasa nada por comer o beber estos días algo más de lo normal y cosas diferentes (vale, incluso mucho más calóricas), pero lo importante es no sucumbir ante esos pensamientos de abandono, porque esos pensamientos son los que nos empujan a situaciones de pérdida y,
lo peor es que esos problemas no responden a problemas de tipo puramente dietéticos, es decir, en muchos de esos casos, esas conductas responden a otro tipo de problemas o trastornos psicológicos que emplean la comida o el alcohol como vía de escape.
Por ello es tan importante saber diferenciar si nuestros problemas con la comida o con nuestros hábitos responden a problemas en sí de falta de hábitos correctos o, si por el contrario, nos estamos escudando en estos problemas para ocultar preocupaciones, situaciones de angustia o ansiedad, estrés, etc.
Y por eso es por lo que quiero acabar este post animándoos a que os escuchéis, a que este 2.013 sea precisamente el año en el que dejéis de lado todos esos montones de buenos propósitos y os escuchéis a vosotros mismos, y seáis sinceros con lo que estáis sintiendo. Una vez hecho ésto, preguntaos realmente qué os preocupa, qué queréis y podéis cambiar y qué os impide hacerlo. 
Una vez hayas hecho ésto, una vez conozcas tus medios y tus dificultades, todo te será más fácil y te costará muchísimo menos emprender cualquier propósito que te propongas, y lo que es más importante, te dará igual el momento en el que empezar, no necesitarás estar supeditado a una fecha límite a partir de la cual "dejar de sentirte menos mal", podrás empezar a sentirte bien cuando tú lo decidas y como tú lo decidas, porque puedes hacerlo.
Es el mensaje de esperanza que os quiero transmitir para estrenar el año: la mayoría de las pautas dietéticas, la mayor parte de cambios de hábitos se producen cuando la persona está convencida de que quiere y/o necesita cambiar. No te dejes engañar por el momento límite del ahora: "año nuevo, vida nueva". Si lo piensas bien, no dejan de ser excusas. Elige tu momento y actúa.
¡Felices reyes a todos y feliz vuelta a la rutina!